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    SIGLO XXI CAMBALACHE II
 
 
Los medios de comunicación y el negocio de la guerra.
Fuente: Revista Fusión. Fecha: 11/7/08

¿Cómo se vende una guerra?
La noticia saltó a los medios de comunicación de todo el mundo: Cuando Iraq invadió Kuwait en agosto de 1990, unos soldados sacaron 312 bebés de las incubadoras del hospital Al-Addam y los dejaron morir en el suelo. Un grupo de testigos declaró ante el Comité de Derechos Humanos del Congreso de EEUU sobre lo ocurrido. Entre ellos una joven de quince años que describió con todo detalle el suceso. El hecho impactó de tal forma en la opinión pública que influyó de manera determinante en el apoyo de los congresistas a la invasión. Incluso el presidente norteamericano Bush citó esta historia hasta seis veces en uno de sus discursos. Se trató en un foro internacional de la ONU y dos días después esta organización aprobó la intervención militar.
Cuando los iraquíes abandonan Kuwait, miembros de la Organización Mundial de la Salud llegan a dicho hospital y no observan apenas daños. Las incubadoras están en su sitio. Preguntan al personal y dicen que ese hecho no ha tenido lugar nunca. Son enviados observadores al lugar y llegan a la conclusión de que la cifra de niños muertos tras sacarlos de las incubadoras les parece excesiva. Nada parece encajar. Amnistía Internacional, que había realizado la denuncia, la retira y la niega. Médicos de distintas nacionalidades que estuvieron en Kuwait durante la ocupación también niegan que se hubiese producido un hecho así. Nadie confirma aquello. ¿Qué pasó realmente?.
Unos años después y como resultado de un impresionante trabajo de investigación realizado por la cadena canadiense CBC ve la luz el documental "Vender la guerra", que en nuestro país fue emitido por La 2 de TVE -pasando totalmente desapercibido-. En él se explica cómo se llevó a cabo paso a paso una de las muchas campañas que se pusieron en marcha en EEUU para inclinar a la opinión pública a favor de la guerra de Iraq.
En Francia dos grupos de comunicación han sido adquiridos por industriales
cuyo capital procede de la fabricación de armas.
Analizan la noticia que saltó a las páginas de los periódicos de todo el mundo y también las "piezas" que no tenían encaje en aquella versión. En "Vender la guerra" se explica en sólo veintitrés minutos cómo se crea esta campaña previamente pagada por una ONG llamada "Ciudadanos por un Kuwait Libre" con diez millones de dólares y elaborada por una empresa de publicidad norteamericana. En el documental aparece el ejecutivo de la empresa y dice ante la cámara que como la ciudadanía de EEUU no reaccionaba se preguntaron: '¿Qué podemos hacer para convencerles de la necesidad de una intervención?. Había que hacerles ver que Sadam era un loco peligroso al que había que parar'. Casi sin inmutarse explica cómo se les ocurrió el montaje de las incubadoras y cómo llevan como testigo estrella a una adolescente a la que aleccionaron debidamente y que resultó ser la hija del embajador de Kuwait en EEUU -algo que desconocían los congresistas-. Este es uno de los ejemplos -muy bien documentados- que recoge el periodista Pascual Serrano en su libro "Medios violentos". Todos ellos le sirven de base para explicar cómo se prepara mediáticamente el terreno para justificar una guerra. "Convencer a la ciudadanía de un país no debería ser tarea fácil. Para hacerlo, sin duda ayuda que los ejércitos no estén formados mediante reclutamiento forzoso y sean soldados profesionales y remunerados. Pero la política de comunicación, los razonamientos con los que se justifique la intervención y el grado de disposición a la causa que presenten los medios es fundamental. Todo ello requiere un período progresivo de trabajo ideológico previo al primer disparo".
"Sabía que ellos no nos llevaban a un determinado sitio para que diésemos una información objetiva, sino para utilizarnos como medio de propaganda."
(Mercedes Gallego, periodista "empotrada" en la guerra de Iraq)
En efecto, dicen que una guerra no empieza con la primera bala sino mucho antes, en la mente de las personas. Por eso es ahí donde justamente los medios afines trabajan sin descanso. ¿Cómo? Omitiendo informaciones relevantes para comprender un conflicto, ocultando datos, señalando rápidamente el enemigo a perseguir e incluso caricaturizándolo. Más tarde, una vez que estalla el conflicto, llegan los "empotrados", periodistas incorporados en convoys militares dispuestos a informar de todo lo que acontece en primera línea de fuego. Por supuesto, desde la perspectiva del bando que les protege la vida. La periodista española Mercedes Gallego, corresponsal del Grupo Correo, estuvo "empotrada" durante cinco semanas en la Primera División de Marines de la guerra de Iraq. "Sabía que ellos no nos llevaban a un determinado sitio para que diésemos la información más objetiva posible, sino para utilizarnos como medio de propaganda. Creo que es una tentación en la que hubiera caído cualquier ejército. Pero en cada uno está el ser crítico con la información que recibe, tomarla con pinzas, no darle toda la credibilidad que ellos piden, y no dejarse utilizar. Había muchos días en que el General venía a contarnos una historia que yo escuchaba atentamente. Hacía preguntas, tomaba notas, y luego a lo mejor no tenía nada que ver con lo que posteriormente escribía. Él me vendía su película, pero ésa no era la película que yo quería contar. Así que tomaba de ahí lo que me interesaba y a veces eso me daba pistas para 'rascar' otro tipo de información y poder completar un poco el puzzle. Cada vez que tenía oportunidad de hablar con civiles les preguntaba por las situaciones que nos habían descrito los militares y utilizaba mi propio sentido crítico. Si el General por ejemplo nos quería vender lo buenos que habían sido sus hombres atendiendo a los heridos civiles que se encontraban, yo me preguntaba quién había herido a esas personas. Normalmente resultaba que habían sido ellos mismos".
Dentro del contexto bélico es importante destacar la tarea de "cirugía estética" que llevan a cabo muchos medios. Auténticos expertos en cambiar el sentido de las palabras, vaciarlas de contenido, restar importancia a lo que realmente la tiene y crear unos escenarios totalmente ficticios para desviar la atención. La Doctora en Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, Ángeles Díez explica cómo podemos encontrarnos con "bombas que no matan ni destrozan cuerpos, cuerpos que no sangran, civiles que nunca mueren o si lo hacen se convierten en errores -sin mala intención- o daños colaterales. Cómo el paso del tiempo puede dar por concluida una guerra y la información se va trasladando hacia las últimas páginas de la sección, donde ya no hay grandes titulares, a veces ni siquiera pequeños, y si la fuerza de los hechos los hace llegar a las primeras páginas de nuevo, entonces todo queda descontextualizado: ¿qué sentido tiene ya, si la guerra se terminó?" §
¿Qué ganan los medios?
La violencia vende. Como dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos, desde los principios de la civilización en casi todas las culturas, el hombre ha sentido fascinación por los relatos y escenas de violencia. Si a ello añadimos que detrás de un medio de comunicación hay un grupo empresarial que vende productos, tendremos la palabra "negocio". La mercancía es la noticia que consume una audiencia, que proporciona una publicidad que a su vez genera pingües ingresos. Pero además obtienen otro valor añadido muy importante a medio y largo plazo: crear opinión pública, calar en las mentes de las personas, conseguir "consumidores".
Por otro lado, el apoyo mediático a un gobierno en estos temas, también puede traducirse en otro tipo de beneficios como publicidad institucional, licencias de emisión, mejor régimen fiscal, o hasta la posibilidad de conseguir una legislación beneficiosa a los fines expansionistas de la empresa en cuestión. Todo es dinero.
"Las empresas de comunicación se han convertido en grandes holdings empresariales. Sus intereses no están relacionados con la información sino con la rentabilidad"
(Pascual Serrano)
Por último debemos añadir un caso que está resultando especialmente alarmante: medios de comunicación comprados directamente por empresas o industriales cuyo capital procede principalmente de la fabricación de armas. Hecho que ya se ha producido en Francia con dos grupos de comunicación.
"Vivimos en un estado de inseguridad informativa, alerta el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet. La información prolifera, pero sin ninguna garantía de fiabilidad. Asistimos al triunfo del periodismo de especulación y de espectáculo, en detrimento del periodismo de información. La puesta en escena -el embalaje- predomina sobre los hechos". §
¿Cómo lo hacen?
Existen muchas fórmulas. Una de ellas consiste simplemente en no informar. Las noticias internacionales cotizan a la baja. No interesan a los grandes medios, que han reducido el espacio y el tiempo dedicado a la sección internacional -en EEUU entre un 70 y 80% - en estos últimos quince o veinte años. Han decidido dar más importancia a la información local y nacional. A lo próximo, lo que ocurre cerca de nuestra casa. A veces las noticias se ofrecen fragmentadas, con lo cual pierden su contexto y sentido. El ejemplo más sorprendente de todo esto junto lo tenemos en Estados Unidos. Allí estuvo viviendo durante muchos años el periodista Moncho Tamames, que además tuvo la oportunidad de recorrer más de veinticinco estados. En su libro "La Cultura del Mal" (Espejo de Tinta) nos explica que "allí los medios de comunicación son compañías de entretenimiento que no informan de nada. El ciudadano desconoce más allá de lo que ocurre en su condado y, salvo de los sucesos del país, no tiene conocimiento alguno de lo que pasa en el mundo. Sus preocupaciones se ciñen a cuestiones locales que les han inculcado con lenguaje y formatos sensacionalistas. De ahí que su visión de las cosas esté generalmente alienada por actitudes y 'tics' enfermizos que responden a sensaciones que retuvo al recibir el mensaje: paranoia, tragedia, miedo. EEUU es el único país de la historia de nuestro planeta que ha llegado a invadir o entrar en conflicto con otro del que tres días antes ni siquiera había oído hablar ni su presidente. Es así de crudo, como inverosímil y alucinante. Elaboran juicios interesados que se basan en lo que les es cercano o lejano y esto sólo les lleva a tener una doble moral o una forma de medir las cosas tan simple como básica. Los medios han aislado a los estadounidenses en un provincianismo absoluto y sólo les hablan de lo que la masa quiere escuchar o mejor dicho de lo que más interés le despierta. Cuando una democracia obedece a la voz de la masa, termina en dictadura y entre otras cosas aniquila al ciudadano. Un 80% de estadounidenses está a favor de la pena de muerte, y ¿qué hacen sus políticos?, contentan a la masa y la implantan en la mayoría de sus Estados. Tras el 11-S más del 90% exigía las máximas represalias contra Afganistán y luego contra Iraq. Ahora que conocen lo que es un conflicto de ese tipo y saben ya algo sobre las personas a las que están bombardeando (inofensivos económica y militarmente), se empiezan a arrepentir de haber entrado en dichas guerras. El pueblo quiso guerra -en este caso por la tergiversación de los datos aportados por su presidente- y los políticos se la dan".

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